| Repertorios bibliográficos |
Aguilar Piñal. Impresos sevillanos, n. 67
[17]
Andrés Renales, n. 83
[18]
Antonio, N. Nova, I, p. 676
[19]
Casas del Álamo. Valladolid, n. 94
Castillejo Benavente. Sevilla, n. 431
Domínguez. Sevilla (1501-1550), n. 269 (ed. Sevilla. Juan Cromberger. 1528) y n. 503 (Sevilla, Juan Cromberger, 1542).
Ferreras. Diálogos, n. 12 (ed. Valladolid, 1528 sin indicar el impresor)
Griffin. Crombergers of Seville, n. 461 (ed. Sevilla, 1542).
Gómez, n. 19
[20]
Lavoura, n. 360 (ed. Sevilla, 1542)
Marsá. Valladolid, n. 100
Palau, III, n. 50720 (ed. Valladolid, 1528) y n. 50271 (ed. Sevilla, 1542)
PORBASE, n. 224084
Rodríguez. Autores espirituales españoles. 1500-1570, pág. 462, n. 99
Serrano y Sanz, I, p. 141, n. 401 (en nota)
Simón Díaz. BLH, VII, n. 7563 (ed. Valladolid, 1528), n. 7564 (ed. Sevilla, 1528) y n. 7565 (ed. Sevilla, 1542)
Tamayo de Vargas. Junta de libros, n. 1159
Wilkinson. IB, n. 3092 (ed. Valladolid, 1528), n. 3093 (Sevilla, 1528) y n. 3094 (Sevilla, ed. 1542)
OTROS: M. Alcocer y Martínez, Catálogo razonado de obras impresas en Valladolid: 1481-1800, Valladolid, Imp. de la Casa Social Católica, 1926. [Ed. facsímil precedida de un prefacio de Hipólito Escolar Sobrino: Valladolid, Junta de Castilla y León, Consejería de Cultura y Turismo, 1993], n. 72.
M. Casas del Álamo, “Del alma en el taller: diálogo y censura con varias notas tipobibliográficas de ediciones vallisoletanas del siglo XVI”, en Diálogo y censura en el siglo XVI (España y Portugal), ed. al cuidado de Ana Vian Herrero, Mª José Vega y Roger Friedlein, Madrid, Iberoamericana-Vervuert, 2015, págs. 331-346.
H. Colón, Abecedarium B, ed. facsímil de los manuscritos conservados en la Biblioteca Colombina de Sevilla, Madrid, Fundación Mapfre América-Cabildo de la Catedral de Sevilla, 1992, n. 12190, col. 910, y n. 12909, col. 910, e íncipit en col. 760 (ed. Sevilla, 1528 y Valladolid, 1528).
Juan de San Antonio (O.F.M.), Bibliotheca Universa Franciscana, Matriti, Ex Typographia Causae V. Matris de Agreda, 1732, II, pág. 144 (ed. Valladolid, 1528, y ed. Sevilla, 1628).
[21]
R. M. Pérez García, La imprenta y la literatura espiritual castellana en la España del Renacimiento, 1470-1560: historia y estructura de una emisión cultural, Gijón, Trea, 2006, n. 31 (ed. Valladolid, Nicolás Tierry, 1528) y n. 32 Sevilla, Herederos de Juan Cromberger, 1542).
R. M. Pérez García, “La biblioteca del convento de San Antonio de Padua de Lora del Río: libros de autor franciscano”, en Hispania Sacra, 57 (2005), págs. 745-794.
[22]
R. M. Pérez García, “Consumo lector y bibliotecas privadas en Sevilla (1522-1555)”, en EREBEA. Revista de Humanidades y Ciencias Sociales. Número monográfico Libro y lectura en la historia, 2 (2012), págs. 29-52.
[23]
T. Tamayo de Vargas, Junta de libros la maior que España a visto en su lengua, Hasta el año de MDCXXIV, Manuscrito de la Biblioteca Nacional de España, signatura Mss. 9752 y Mss. 9753, II, f. 14 r. (ed. Sevilla, 1528).
[24]
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| Notas |
[1]
Nombre de autor normalizado tomado de Simón Díaz. BLH, VII, n. 7563, n. 7564 y n. 7565. El Catálogo de Autoridades de la BNE no indica su pertenencia a la orden religiosa.
[2]
[nota 2:] La obra no es en verdad una traducción, según Martínez de Bujanda, 1974, es más bien una versión adaptada en castellano de la Viola animae escrita por el cartujo Pierre Dorland, que a su vez es una adaptación de la Teología natural de Raimundo de Sabunde o Sibiuda. El libro del filósofo catalán gozó de una abundante difusión impresa europea, pero no hay noticia de que se imprimiera en los talleres peninsulares castellanos; en cambio, la Viola animae sí llegó a imprimirse en la imprenta incunable toledana de Pedro Hagenbach (ISTC, n. id00361000), y fue traducida -quizás por Diego Gracián de Alderete, según Bataillon, 1925, págs. 247-248-, con el título Violeta del alma, siendo esta la vía de transmisión que favoreció la aparición de otras versiones castellanas como el anónimo Despertador del alma y las Meditaciones del amor de Dios de Diego de Estella. Para la edición vallisoletana de la Violeta del alma, véanse Casas del Álamo, Valladolid, n. 194, y Casas, 2014. Sobre la transmisión textual de la obra sabundiana véanse principalmente Révah, 1953 y Martínez de Bujanda, 1974.
[3]
Variante del nombre que figura al final de la “Escriptura contra los astrólogos judiciarios”, sobre el diluvio vaticinado para el año 1524 en Sevilla, que dedica a la Duquesa de Terranova, mujer del Gran Capitán. El escrito está contenido en una Miscelánea franciscana (cf. Castro y Castro, 1973, n. 275, Ms. 6176, fols. 262-266 [fols. 271-275, de la numeración original]).
[4]
Quintanilla, 1653, pág. 236, pero no confundir con Agustín de Cazalla, sobrino suyo nombrado habitualmente como Doctor Cazalla.
[5]
Variante de título tomada de las ediciones de Valladolid, Nicolás Tierry, 1528, y de Sevilla, Juan Cromberger, 1542.
[6]
Variante de título tomada de la Junta de libros de Tamayo de Vargas (véase la nota n. 18). La siguiente variante es la misma, pero normalizada.
[7]
Variante de título en latín tomada de Juan de San Antonio.
[8]
De esta fecha es el primer interrogatorio inquisitorial a María de Cazalla sobre su “genealogía y moniçiones”, donde se hace mención a Juan de Cazalla en calidad de hermano suyo ya difunto (Proceso de María de Cazalla, conservado en el Archivo Histórico Nacional, Inquisición, Leg. 110, n. 6, f. XXV v). Sobre esta cuestión, véase el estudio y transcripción completa de Ortega Costa, 1978 y en especial la pág. 93, nota 25 y págs. 101-102.
[9]
Hay confusión en torno al lugar de nacimiento de Juan de Cazalla. Sáinz Rodríguez, 1983, y Ortega Costa, 1972, indican Palma (Murcia). Simón Díaz. BLH, VII, n. 7563, indica Sevilla. Sin embargo, Castro Sánchez, 2013, confirma que nació en Palma (Córdoba) y ahonda en las relaciones existentes entre la familia Cazalla y el Cardenal Portocarrero.
[10]
Existen lagunas en la biografía de Juan de Cazalla, pero sí tenemos certeza de algunos datos. Fue franciscano y capellán mayor del Cardenal Cisneros, acompañándole en la expedición a Orán en el año 1509, que describió, por indicación suya, en una carta dirigida a Alonso García de Villalpando con la intención de hacerla llegar al Cabildo de Toledo, que la mandó imprimir (cf. Quintanilla, 1653, págs. 22-25, Norton, n. 1055, Martín Abad. Post-incunables ibéricos, n. 848. Sobre el hallazgo y estudio del único ejemplar conservado véase Gonzalo García y Fernández Valladares, 2015, págs. 427-445). La colaboración de Juan de Cazalla con Cisneros fue fundamental en la labor reformista de las órdenes religiosas. A partir del 20 de abril de 1517 es nombrado obispo titular de Vera (Verissa, Tracia), visitador de la diócesis de Toledo y obispo auxiliar de Ávila (cf. Hierarchia Catholica, III, pág. 331, y en la nota 1 indica que fue párroco en Yenes -seguramente errata por Yebes, municipio de Guadalajara, o bien, Yeles, municipio toledano-; según Waddingus, 1517, n. XLVII, Nicolás Antonio y Juan de San Antonio habría sido Obispo de Veracruz en Indias). Hacia 1522 predica, junto con su hermana María de Cazalla, en Pastrana (Guadalajara), y se sabe por el proceso inquisitorial de esta última que vivió en Alcalá en contacto con los círculos de alumbrados. Simpatizó con las ideas erasmistas y con el evangelismo francés de Lefèvre d’ Étaples (Bataillon, 1966, págs. 53-71). Boehmer, 1865, pág. 29, afirma que Juan de Cazalla escribió una carta en defensa de Erasmo dirigida a Francisco Ortiz que en ese momento predicaba en Alcalá contra las ideas erasmistas. En este contexto lo esperable es que Juan de Cazalla tuviera problemas con la Inquisición, al igual que le sucedió a su hermana María de Cazalla y a otros miembros de su familia. No se conserva su proceso inquisitorial, pero sí se hace mención a un proceso abierto contra el obispo Cazalla en la documentación correspondiente al proceso de Juan de Vergara, conservado en el Archivo Histórico Nacional, Inquisición, Leg. 223, Exp. 7, f. 329 r, y accesible online en el Portal de Archivos Españoles (cf. Bataillon, 1925, pág. 140, notas 1 y 2; Bataillon, 1966, Fuentes manuscritas, Archivos inquisitoriales, Procesos, n. 33; y Martínez de Bujanda, 1974, pág. 31, nota 65; transcriben y estudian el proceso, aunque parcialmente, Serrano y Sanz, 1901 y 1902, y Longhurst, 1958). Sin embargo, a Ortega Costa, 1972, le parece poco convincente esta noticia documental, dado que “en el proceso de su hermana (1532-1534) nada se dice de ello a pesar de figurar muy frecuentemente su nombre y sus hechos. Los procesos póstumos no eran excepción, pero consideramos que no dejarían de haberlo indicado los inquisidores o el fiscal, aunque no fuera más que en notas marginales, de ser cierta la existencia de ese proceso”. Según Selke, 1968, pág. 52, lo que salvó a Juan de Cazalla de ser procesado fue su muerte. Sobre su biografía, véanse también Castro Sánchez, 2013, Díaz Díaz, 1983, Sáinz Rodríguez, 1983.
[11]
La obra trata principalmente sobre los beneficios que Dios ha proporcionado al hombre. Se inicia con la inquietud de los discípulos, Antonio y Luis, que se preguntan cómo podrían corresponder a Dios en gratitud. A partir de ahí, el maestro intenta aclarar su duda con una exposición sobre los dones espirituales y materiales con que Dios ha beneficiado al hombre y argumenta qué pueden hacer ellos para agradecérselo, apoyándose fundamentalmente en el libre albedrío y la voluntad humana. En el texto es posible encontrar expresiones de marcado carácter espiritual muy acorde con el discurso iluminista, por ejemplo, en el último capítulo, cuando termina diciendo el discípulo: “A gran piedad, amado maestro, me han movido tus humildes palabras, y pues a Dios, a padres, y a maestros no podemos acudir con igual pago, de Dios le hayas por tu trabajo y doctrina con que me has alumbrado”. Es reseñable el tratadito con que concluye la obra, el “Brevecito modo para venir en alguna manera en conoscimiento de Dios”, donde se exponen los doce grados necesarios para contemplar a Dios: solitario, recogido, íntimo, limpio, alto, claro, cierto, inventivo, infuso, perseverante, guiador y alegre. Según dice Cazalla, “cuando el ánima ha subido por estos doce grados, luego entra en la escura caligen […] y esta escura caligen, con los doce grados precedentes, se llama el primero cielo”. El segundo cielo sería cuando Dios habla con el alma “con pura noticia intelectual”, y el tercer cielo, “cuando se muestra Dios al alma en esta vida mortal como a los santos en paraíso”. Bujanda, 1974, págs. 37-38, reconoce en estos grados a escritores medievales como San Buenaventura, entre otros. Además, considera las ideas planteadas en este tratado comunes con la doctrina de los alumbrados, las sitúa a medio camino entre la espiritualidad de los alumbrados y la mística de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa (véase también Márquez, 1972, págs. 195-208). Castro Sánchez, 2017, pág. 54, cree que con este tratado “Cazalla se pone en sintonía con el paulinismo converso proveniente del siglo XV, esto es, en la posibilidad de la conversión sincera a una verdadera fe en Dios”.
[12]
A través de la Teología natural el maestro intenta explicar el orden establecido entre los seres y las criaturas que forman parte del universo, lo que les distingue del hombre, y la posición que ocupa este con respecto a los otros y a Dios.
[13]
En los capítulos III al IX de la primera parte, el maestro explica a los discípulos la voluntad humana y los tres oficios del libre albedrío: entendimiento de las palabras y de su sentido, conocimiento de lo verdadero y lo falso, lo bueno y lo malo, y la correcta elección. Por otra parte, en los capítulos XII y XIII de la primera parte, el maestro expone las que llama virtudes naturales del hombre y las doce virtudes morales aristotélicas: Fortaleza, templanza, liberalidad, magnificencia, magnanimidad, modestia, mansedumbre, afabilidad, verdad, urbanidad, justicia y amistad.
[14]
Entendido como amor divino del hombre hacia Dios, único modo de corresponderle por los beneficios que de él ha recibido. La segunda parte de la obra profundiza en esta cuestión al ocuparse de las “condiciones y propiedades del amor”.
[15]
Según indica el maestro en el último capítulo, es Luis quien interviene y le responde en cada diálogo, y no Antonio, “que no menos bien ha hecho en atentamente oír”.
[16]
El propio Cazalla, “auctor del presente tractado”, según se indica en el texto de la portada (ed. Valladolid, 1528 y Sevilla, 1542) a modo de introducción.
[17]
Con error en la fecha 1540.
[18]
Cita por la ed. moderna de Martínez de Bujanda, 1974.
[19]
F. Ioannes de Cazalla, Lumbre del’Alma, de los beneficios de Dios y de la paga que se les debe. Hispali per Joannem Cromberger 1628. 8º”. Esta noticia induce a pensar que, sencillamente, Nicolás Antonio no acertó en los datos tipográficos del taller o en la fecha de impresión; de ahí que Palau, III, n. 50720, en nota a la edición de Valladolid, 1528, apunte: “Nicolás Antonio la registra impresa en Sevilla por J. Cromberger, 1528. Deseamos completar esta papeleta”; por otro lado, Simón Díaz. BLH, VII, n. 7564, señala que se trata de un error del bibliógrafo sevillano al ofrecer el año de 1628. Sin embargo, no tuvieron en consideración la que en tantas ocasiones fue la fuente bibliográfica de Nicolás Antonio: la Junta de libros de Tamayo de Vargas, que ofrece la siguiente noticia: “FR. J. CAZALLA. Obispo de Vera de la orden de St Francisco: Lumbre del alma, de los beneficios que a reciuido el hombre de Dios i de la paga que deue hacer dellos. Sevilla por J. Cromberger. 1528. 8º”. El hecho de que en este asiento figure solo la inicial del nombre del impresor impide precisar si se trata de Jacobo o de Juan, puesto que el primero muere en ese año de 1528, pero el título más completo y diferente al de la edición vallisoletana prueba la existencia de esta edición. De modo que Nicolás Antonio transcribió la noticia de Tamayo de Vargas introduciendo errata en el año, desarrollando a su gusto el nombre de pila del impresor y abreviando el título. Con toda probabilidad, se sirvió del manuscrito de la Junta de libros conservado en la Biblioteca Vaticana, pues según explica Álvarez García, pág. 81-82, Nicolás Antonio consultó esta copia manuscrita durante su estancia prolongada en Roma desde 1660 hasta el año 1678, ya que en la Bibliotheca Hispana Nova no figuran algunos datos adicionados por Tamayo de Vargas en el manuscrito autógrafo conservado en la Biblioteca Universitaria de Oviedo. Agradezco a Mercedes Fernández Valladares el haberme proporcionado esta información, pues ha sido quien ha desentrañado la noticia de Nicolás Antonio localizando la misma en la Junta de libros de Tamayo.
[20]
Cita por la ed. moderna de Martínez de Bujanda, 1974.
[21]
Consigna la ed. de Valladolid, 1528 con vidi, y la primera ed. de Sevilla, reproduciendo la errata de Nicolás Antonio en la fecha, 1628.
[22]
Transcribe y estudia el inventario de libros de la biblioteca conventual de San Antonio de Padua en Lora del Río datado en 1646, sacando a la luz un ejemplar más de la Lumbre del alma que albergó esta biblioteca y que debió de llegar a ella con posterioridad al año 1609, fecha de fundación del convento.
[23]
Localiza en los inventarios post mortem de bibliotecas privadas sevillanas la noticia de más ejemplares de la Lumbre del alma, uno en la biblioteca de Pedro de Medina que dice así: “vn libro chiquito que se dize Lumbre del ányma”, y otro que perteneció a Diego de Temiño: “vn libro de la Lumbre del alma”, pero a tenor de lo lacónico de los datos ofrecidos en este tipo de inventarios de época, que no dan cuenta de los datos tipográficos de los ejemplares que registran, no podemos aventurarnos a identificar la edición a la que pertenecieron.
[24]
Cotejado este asiento correspondiente al testimonio manuscrito de la Junta de Libros que se conserva en la BNE (mss. 9752-9753) con la ed. de Álvarez García, no existen variantes con respecto al mismo asiento contenido en el manuscrito autógrafo de la Junta conservado en la Biblioteca Universitaria de Oviedo (Ms. 88).
[25]
Transcripción autógrafa realizada por el P. Justo Cuervo el 17 de enero de 1903 a partir del ejemplar que poseyó de la edición de la Lumbre del alma, impresa en Valladolid, por Nicolás Tierry, en 1528. Localizó este manuscrito el P. Lázaro Sastre en octubre de 2015, entonces responsable del Archivo del Convento de San Esteban, a quien estoy muy agradecida, al igual que a Miguel Alfaro y Diego Sandín Enríquez, por haberme dado noticia de su existencia y proporcionarme algunas fotografías. Probablemente, el padre Justo Cuervo preparó este material para llevar a cabo un proyecto que tenía en mente, el de la edición de esta obra, o al menos así lo anunció en un libro suyo (véase Cuervo, 1915), dentro de las Obras próximas a publicarse, o en preparación: “El Obispo D. Fr. Juan de Cazalla y la Inquisición. Con el texto (desconocido) de la Lumbre del alma, según la edición de Valladolid, 1528”. Indudablemente, este testimonio manuscrito de la edición prínceps es de capital trascendencia para el análisis de la transmisión textual de la Lumbre del alma, cuyo texto hasta ahora solo se conocía por la edición sevillana de 1542. Lamentablemente, no ha sido posible adjuntar la descripción de este testimonio porque, según las últimas consultas que he realizado al actual responsable del Archivo, el manuscrito se encuentra en paradero desconocido.
[26]
Pérez García, 2005, afirma que esta edición fue publicada sin nombre de autor amparándose en el asiento n. 39 del Inventario de libros conservados en el convento de San Antonio de Padua de Lora del Río, en 1646, correspondiente a un volumen facticio que contenía dos obras: “Speculum fratrum minorum, y Lumbre del alma lib[ro] pequeño, sin n[ombr]e de autor, impreso en Valladolid año de 1528 dize que le imprimio el maestro Nicolas tyerry, y que el autor fue prouincçial de la s[an]ta prou[inci]a de santiago”. Probablemente, la mención al autor Juan de Cazalla en la portada de la Lumbre del alma pasó desapercibida al redactor del inventario, quizás por su disposición tipográfica, que hoy conocemos gracias al manuscrito del P. Justo Cuervo: en la parte superior figuraba el título breve, debajo un pequeño grabado xilográfico de motivo religioso, y debajo la segunda parte del título a modo de introducción, donde queda discretamente sepultada la mención de autoría. Más desconcertante es el cargo del autor indicado en el inventario: “Fue prouinçial de la santa prouincia de santiago”, ya que Juan de Cazalla nunca fue beneficiario de tal nombramiento. Esta confusión es debida a que en el volumen facticio aparece encuadernado en primera posición el Speculum fratum minorum, obra franciscana que se ocupa de las indulgencias y la exposición de la regla observante, de obligada presencia en las bibliotecas de todos los conventos. Esta obra, publicada anónima, ha sido atribuida al P. Juan de Argumanes que sí fue el Vicario Provincial de la Provincia franciscana de Santiago (Castro, 1972, n. II, 3; 1984, pág. 112 y 1996, pág. 49, n. 155). Por lo tanto, la explicación al asiento amalgamado del inventario podría ser que el Speculum fratrum minorum de este volumen correspondiese a la edición que de esta misma obra imprimió Nicolás Tierry el 30 de mayo de 1528 (Casas del Álamo. Valladolid, n. 93), y que el redactor del inventario, además de no detectar la mención a Juan de Cazalla, confundiera las dos ediciones impresas en el mismo taller y encuadernadas juntas, como obras de un mismo autor anónimo sobre el que nos ofrece el añadido del cargo que ostentó, información procedente con toda probabilidad de alguna nota manuscrita aclaratoria contenida en el ejemplar. Por todo lo expuesto, y principalmente por la precisión y el rigor de las noticias bibliográficas previas que documentan esta edición de Valladolid, fundamentalmente: la fiabilidad que otorga el asiento colombino del Abecedarium B, junto con el testimonio de Marcel Bataillon que tuvo a la vista un ejemplar de esta edición, y ahora la transcripción manuscrita que el P. Justo Cuervo hizo de ese mismo ejemplar, debe desestimarse la hipótesis que considera anónima la edición vallisoletana de la Lumbre del alma, mantenida desafortunadamente en algunos trabajos (Castro Sánchez, 2017).
[27]
Bataillon, 1925, pág. 138, en nota, indica que, según el P. Justo Cuervo, la “Obra impresa en Valladolid por maestro Nicolas Tierry, año de 1528, en romance” prohibida en el Índice inquisitorial de Valdés de 1559 (cf. Martínez de Bujanda, 1984, pág. 511, n. 542), correspondía a la “Lumbre del alma” de Juan de Cazalla por motivos tan sólidos como el espíritu iluminista que se desprende de su título, por el apéndice de los “Doce grados del conocimiento de Dios”, y por los avatares del autor y su familia con la Inquisición. Sin embargo, al P. Justo Cuervo no dejaba de extrañarle la vaguedad con la que se designaban los datos de la obra en el Índice de Valdés, que no mencionaba el título ni el autor del libro. Martínez de Bujanda, 1974, pág. 32 deduce de la parquedad de los datos ofrecidos por el Índice que seguramente llegó a las manos del censor un ejemplar mútilo de la portada, y que desconociendo este de qué libro se trataba, se sirvió del colofón del libro para su denominación, aunque advierte que no se puede concluir con certeza que la “Lumbre del alma” sea la obra prohibida, ya que de la imprenta de Nicolás Tierry salieron otros libros en 1528 (cf. Casas del Álamo, 2016, págs. 341-344). La imprecisión en torno a la obra prohibida se perpetúa al menos en todos los índices inquisitoriales ibéricos y no ibéricos de los siglos XVI y XVII: Valdés, Zapata, Arias Montano, Quiroga, Sandoval y Rojas, muestra del desconocimiento desde el inicio por parte de los inquisidores que repiten de forma sistemática y autómata lo contenido en el índice inquisitorial de Valdés, hasta el punto de tergiversarse en el índice de Sotomayor que considera a Nicolás Tierry autor de la obra. Destaca, frente a esta aparente ignorancia, la advertencia que aparece en el colofón de la edición vallisoletana, que se repite también en la edición sevillana de 1542, donde se indica que la obra ha sido “vista y examinada por mandado de los señores inquisidores y ordinario de la villa de Valladolid y aprobada”, de ahí que resulte aún más inquietante la ocultación de los datos sobre una obra supuestamente conocida por los supervisores inquisitoriales. Se tratase o no de la Lumbre del alma, lo cierto es que la imprenta de Nicolás Tierry funcionó bajo la sospecha y la censura inquisitorial. Conviene apuntar que en ese mismo año Tierry imprimió dos ediciones de los Coloquios de Erasmo traducidos al castellano, aunque sin datos de pie de imprenta, condición que afecta especialmente a buena parte de las ediciones erasmianas en castellano impresas en la Península en el siglo XVI, sobre todo a sus coloquios por ser más críticos e incisivos. Es posible que Tierry fuera consciente de las obras que implicaban cierto riesgo y decidiera mantener el anonimato en las ediciones de los “Coloquios” y, en cambio, no consideró peligrosa la impresión de la “Lumbre del alma” (Casas del Álamo, 2016, págs. 342-344).
[28]
Título tomado de la Junta de libros de Tamayo de Vargas (véase la nota n. 18).
[29]
Edición documentada en H. Colón. Abecedarium B, n. 12190, en col. 910: «Jo. De cassala lumbre del alma en español. ¿1716? [tachado]. 12190. Se. 1528. [signo = 8º, con capítulos epitomáticos]», y el íncipit en col. 760: «Hermano luys dos o tres dias ha q) te veo. 12190. 12909». Es notable la correspondencia editorial existente en estos años entre el taller sevillano de los Cromberger y el vallisoletano de Nicolás Tierry, que van a la zaga de los éxitos editoriales de uno y otro, un ejemplo manifiesto fueron las primeras ediciones del Libro de Marco Aurelio y del Relox de príncipes de fray Antonio de Guevara. Evidencia del estrecho vínculo que Nicolás Tierry tuvo con Sevilla es el hecho de que algunos de sus materiales y elementos ornamentales fueron a parar a las imprentas sevillanas de Jácome Cromberger y Sebastián Trujillo (cf. Casas, 2012).
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