| Notas |
[1]
Aunque la obra se publicó a nombre únicamente de Gregorio Martínez Sierra, en la actualidad, parece claro que su esposa, María de la O Lejárraga, quien firmaba también como María Martínez Sierra, fue cocreadora de estas obras (en ocasiones autora única), tal y como ella afirmó en 1953 y la crítica ha venido constatando con posterioridad (véase bibliografía). Por ello, se ha considerado pertinente recuperar su nombre para la autoría de estos diálogos. Se ha optado por el nombre de María Martínez Sierra, en lugar de María Lejárraga, por ser ese, como se ha mencionado, el utilizado por la autora en sus propias obras en solitario.
[2]
Gregorio Martínez Sierra fue conocido como autor teatral, fundador de la editorial Renacimiento y del Teatro del Arte. Según su esposa, María de la O Lejárraga, escribieron sus primeras obras en colaboración, pero, a medida que Gregorio Martínez Sierra se involucraba más en sus tareas empresariales, fue desvinculándose progresivamente de la escritura y autoría de las obras que firmaba.
[3]
María Martínez Sierra fue una poeta, escritora y dramaturga española. Escribió en colaboración o en la totalidad las obras firmadas por su esposo, Gregorio Martínez Sierra, incluso después de separarse y en su exilio en Argentina.
[4]
Véase la nota 1 y la bibliografía adjunta.
[5]
Salvador Rueda fue poeta y dramaturgo modernista, en cuyo círculo pudo conocer a Gregorio Martínez Sierra. De acuerdo con María Lejárraga, solo algunos de los prologuistas de sus obras, entre los que no menciona el nombre de Rueda, la conocieron personalmente. Los demás hablan de la “musa” de Martínez Sierra, como en este caso, de forma fabulatoria.
[6]
Tomás Julio Leal da Câmara fue pintor, ilustrador y caricaturista. Portugués, nacido en Panaji (Goa, India), entonces una colonia de Portugal, se exilió en España entre 1898 y 1900, colaborando en varias publicaciones periódicas y alcanzando enorme prestigio, especialmente como caricaturista. La ilustración de la cubierta de Leal da Câmara solo aparece en la edición de 1899.
[7]
Jacinto Benavente, dramaturgo ganador del premio Nobel de Literatura, fue amigo personal del matrimonio Martínez Sierra y había prologado el primero de sus libros, el “Poema del Trabajo”, aunque no conocería a María hasta años después. En las ediciones de 1911 y 1921 aparece la indicación del “Ofrecimiento a Jacinto Benavente”, pero no se incluye el texto completo de la dedicatoria. Véase apartado de testimonios.
[8]
En el diálogo se muestra el ideal estético del arte como producto del amor. Por su parte, el amor (y, por lo tanto, el arte) no solo se nutre de la dicha y los dones positivos, sino del dolor que permite la búsqueda y el anhelo de felicidad que conduce a ese mismo amor. Es decir, el arte es fruto del amor por la belleza, que se inspira en lo natural para trascenderlo.
[9]
El Artista es escultor. De la forma que confiere a su escultura nace la Amada, en una analogía clara con el mito de Pigmalión. La escultura se presenta, por tanto, como manifestación artística que conduce también a la expresión de la belleza y el amor. La Naturaleza ofrece sus medios a las Hadas para los distintos dones que conceden a la Amada. Al igual que en otros diálogos de la colección, el arte se inspira en la naturaleza para trascenderla.
[10]
El Artista representa el anhelo de pervivencia a través del arte como muestra de amor a la vida.
[11]
Las hadas aparecen como un interlocutor múltiple que agrupa las voces de dos grupos, las Buenas Hadas y las Hadas Maléficas, que hablan como una sola voz en conjunto o de forma individual mediante la especificación de alguna de las integrantes de cada grupo, para lo que se determinan las siguientes denominaciones: para las del primer grupo, El Hada Reina, El Hada de las Risas. El Hada de los Sueños y El Hada de los Besos; para las del segundo, El Hada de las Lágrimas, El Hada de la Duda y El Hada del Hastío.
[12]
Las distintas Hadas recuerdan a los personajes de cuentos populares en los que se dota a las princesas de determinados dones en sus nacimientos.
[13]
La Amada comienza como estatua y cobra vida gracias a la intervención de las Hadas por el deseo del Artista.
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