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Código de identificación BDDH389
Nombre del responsable

Julio Salvador Salvador

Fecha de última grabación

03/01/2024

Autor

Unamuno, Miguel de

Título

Diálogos del escritor y el político — El guía que perdió el camino II [Entrega periodística de la serie “Diálogos del escritor y el político”, 1908/11/9]

Variantes del nombre del autor

Unamuno y Jugo, Miguel de

Fecha de nacimiento autor

1864, 29 septiembre

Fecha de muerte autor

1936, 31 diciembre

Lugar de nacimiento autor

Bilbao (Vizcaya, España)

Lugar de muerte autor

Salamanca (Salamanca, España)

Actividad profesional autor

Escritor, filósofo, profesor y rector de la Universidad de Salamanca [1].

Fecha/Siglo

1908, 9 de noviembre

Tipo de producción

Original

Difusión

Entrega periodística

De

Diálogos del escritor y el político. Véase testimonio en Unamuno, Miguel de. Diálogos del escritor y el político

Materias

Filosofía [2]

Ética [3]

Temas secundarios

Religión [4]

Escritura

Política [5]

Psicología [6]

Literatura [7]

Número de interlocutores

2

Interlocutores

Nombre: P
Categoría: Letra. Político. Representante de oficio o profesión


Nombre: E
Categoría: Letra. Escritor. Representante de oficio o profesión [8]

Enunciación

Enunciación directa

Lenguas del texto

Castellano

Repertorios bibliográficos

OTROS: M. J. Fraga, “Los textos dialogados en la prensa española de finales del siglo XIX”, AnMal Electrónica 41 (2016), pág. 288. [9]

Tipo de testimonios

Artículos en prensa periódica

Artículos en prensa periódica

Código: 1
Autor: Unamuno, Miguel de
Título: Diálogos del escritor y el político — El guía que perdió el camino II
Publicación periódica: El Imparcial, Año XLII, núm.14964, Los Lunes de El Imparcial
Fecha y páginas: 9 noviembre 1908, pág. 3.
Descripción: Elaborada por Julio Salvador Salvador [BDDH389DAPv1 - 318KB]  
Ejemplar digitalizado: Madrid. Nacional, HN2696
Link: hemerotecadigital.bne.es/hd/viewer?oid=0000243500&page=3

Ediciones modernas

Código: 1
Autor: Unamuno, Miguel de
Título: De esto y aquello. Meditaciones, soliloquios, diálogos y monodiálogos - Bellas Artes - Teatro y cine - Política y letras - Estilo
Responsable: Manuel García Blanco (prólogo y notas)
Publicación: Buenos Aires, Editorial Sudamericana, t. IV, 1954, págs. 65-68.


Código: 2
Autor: Unamuno, Miguel de
Título: Obras completas. Novela II y monodiálogos
Responsable: Manuel García Blanco (prólogo, edición y notas)
Publicación: Madrid, Vergara S.A., t. IX, 1961, págs. 691-695. [10]


Código: 3
Autor: Unamuno, Miguel de
Título: Obras completas. Teatro completo y monodiálogos
Responsable: Manuel García Blanco (introducción, bibliografía y notas)
Publicación: Madrid, Escélicer, 1968, t.V, págs. 964-967.

Notas

[1] Y podrían citarse muchas más facetas de la figura de Miguel de Unamuno, intelectual cuyo camaleónico pensamiento marcó la Edad de Plata de la literatura española. La honestidad intelectual del escritor vasco, al ser un autor que expuso —casi impúdicamente— el vaivén de sus razonamientos, se aprecia en géneros literarios como la novela —Amor y pedagogía (1902), Niebla (1914)—, la poesía —El Cristo de Velázquez (1920)— o el ensayo —En torno al casticismo (1895), Vida de don Quijote y Sancho (1905), Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos (1913)—. También se rastrea en sus colaboraciones en prensa periódica, en las que, por ejemplo, nos encontramos artículos de opinión o gran parte de su corpus de diálogos. Sus textos periodísticos destacan por ser una herramienta idónea con la que exponer la necesidad de un plan reformador de España (Vázquez-Medel, 2012, pág. 467), que debía pasar tanto por el plano espiritual como por el plano material. A través de la prensa Unamuno pudo exponer cuál era la misión principal del escritor en la España alicaída de inicios del siglo XX por sucesos históricos como el Desastre del 98: actuar como un apóstol civil azuzando al lector (Curtius, 1954). Unamuno llevó a cabo una colaboración periodística continuada a lo largo del tiempo (Mainer, 1980, pág. 242; Vázquez-Medel, 2012, pág. 467 y pág. 471) en cabeceras como Ahora, El Imparcial, El noticiero bilbaíno, El Sol, España, Las noticias, Nuevo mundo o, incluso, en periódicos hispanoamericanos como La Nación de Buenos Aires (Vázquez-Medel, 2012)

[2] En el diálogo se indaga en si existe un compromiso con lo que se dice o se escribe, lo que acaba desembocando en dos nuevas preguntas: la primera se centra en el valor que realmente tienen las ideas; la segunda, en la validez del comportamiento de aquellos individuos que delegan su pensamiento en otras personas, erigidas estas por la comunidad como apóstoles civiles o religiosos. En este último caso, el Escritor denuncia que tal actitud desemboca en la asunción ciega y acrítica de una doctrina.

[3] Desde el punto de vista ético, el diálogo muestra cómo el Escritor rechaza comprometerse con las palabras que escribe: “No me comprometo a nada, no empeño mi palabra ni mi porvenir” (Unamuno, 1961, pág. 691). La palabra, como acción, no tiene continuidad, sino que cada palabra constituye una acción diferenciada que justifica la contradicción: “¿Qué importa que hoy influya de un modo y mañana de otro si es que influye?” (Unamuno, 1961, pág. 691). Sin embargo, el Político señala que la plasmación lingüística de una idea provoca que la sociedad fíe su parecer en quien la emite, hecho rechazado por el Escritor, quien, quizás con cierto cinismo, defiende que tan solo juega con las ideas. Esto resulta de interés, en la línea de lo expuesto por Santos Juliá (2010) al analizar el papel del intelectual en el contexto de la crisis del 98. El literato o el científico que, como intelectual, se inmiscuyó en el debate público cobró una autoconciencia de sí mismo: en un principio, no quiso someterse a la política, sino que buscó desplegar su individualidad, lo que escondía una mirada ególatra. En el caso de Unamuno, este fallo de la intelectualidad de principios de siglo no podía reprocharse, ya existía una polifonía de voces de la que jamás pudo salir “una hermandad” (Juliá, 2010). Es más, los intelectuales de dicha época tampoco buscaron una coherencia ideológica, lo que se pone de manifiesto al examinar los diferentes marcos discursivos que llegaron a utilizar, de lo que Unamuno es buen exponente: “en solo cinco años krausista, positivista, krausopositivista, anarquista, liberal, libertario, liberal-libertario, marxista, socialista, nacionalista, humanista y alguna cosa más: verdaderamente, no perdió el tiempo” (Juliá, 2010). Como señala Juliá, esto es lo que se expone en este diálogo: los escritores como Unamuno “jamás entendieron la palabra política como parte de una acción: la palabra no comprometía a nada” (Juliá, 2010). De esta manera, lo que cobraría especial relevancia sería la manera de decir las cosas y llegar al público.

[4] El tema religioso se plasma a partir de los ejemplos de los que se sirve el Político para poner de manifiesto la responsabilidad de aquellos, como el Escritor, que se han convertido en guía para parte de la población. De esta manera se pregunta si sería lícito que un apóstol o, incluso, un Papa, declararan una hipotética falta de fe. Para García Blanco (1967, pág. 48-49) este diálogo constituye uno de los primeros ejemplos en los que Unamuno expondría su “tragedia espiritual”, es decir, la zozobra provocada por la duda.

[5] El discurso del Político, según los postulados del Escritor, sí está revestido de compromiso ya que sus palabras son promesas que tienen efectos prácticos y tangibles en la sociedad. Unamuno muestra con alguna chanza hasta qué punto la clase política destaca por su retórica y verborrea.

[6] La reivindicación de la individualidad no solo tiene efectos éticos, sino que puede interpretarse también desde una perspectiva psicológica: “[…] mi pelea es que se respete la personalidad. Mi lema es que cada hombre es un hombre. ¿Y qué culpa tengo de que se empeñen en hacerme representante de estas o aquellas doctrinas?” (Unamuno, 1961, pág. 694). El Escritor se muestra preocupado por los efectos que podría tener el compromiso al que alude el Político: en cierta manera, la sociedad convertiría al ser humano en un ser devaluado y postizo, carente de autenticidad (Sánchez Ruiz, 1964, pág. 65). En la época, esta postura no fue comprendida por algunos de sus coetáneos, como Ramiro de Maeztu, quien en su autobiografía (1962, pág. 37) señalaba que jamás entendió el siguiente fragmento del diálogo: “Todos mis supuestos amigos a aconsejarme: ‘debes hacer esto, debes hacer aquello, tus aptitudes están aquí, no vayas por aquel camino’. Me lo quieren señalar ellos, un camino que sobre todo no se cruce con los de ellos. Y no lo quiero” (Unamuno, 1961, pág. 694). Para Maeztu, Unamuno entendía la vida como “una afirmación imposible”, como una batalla con los demás (1962, pág. 38). De esta manera, uno de los objetivos de Unamuno, tal y como expresa el Escritor, será salvaguardar el propio ser frente al que le están construyendo los demás. Se aprecia en el Discurso en el homenaje a Joaquín Costa (1932): “Que es una de las tragedias... la de la vida de un hombre que ve cómo el que es se va sintiendo borrado por el que de él hacen todos los demás” (Unamuno, Obras completas. Discursos y artículos, t. IX, 1971, pág. 408). Y esto muestra la importancia que le da el Escritor a la presencia de la personalidad en la escritura, puesto que esta presencia será la que determinará la independencia y la calidad de sus creaciones.

[7] Repárese en que determinados críticos literarios han señalado cómo este segundo diálogo anticipa la problemática de San Manuel Bueno, mártir (1931), la del sacerdote sin fe que se debate entre la exposición de su crisis espiritual, que ha desembocado en el descreimiento, o la compasión debida a los feligreses, a los que juró servir como herramienta de la verdad que ellos buscan (García Blanco, 1967, pág. 48-49; Elizalde, 1983, pág. 285; Rubio Tovar, 1984, pág. 37).

[8] Unamuno caracteriza a los interlocutores como un político y un escritor, lo que no parece en absoluto una decisión impremeditada, puesto que en 1908 la intelectualidad española estaba inmersa en pleno debate sobre la “regeneración” de España: el sistema político de la Restauración estaba en crisis y los escritores del noventayocho estaban buscando una solución que propiciara una reforma que llegara hasta lo más profundo del espíritu de la sociedad. De ahí que en estos diálogos Unamuno haga uso de los dos especímenes sociales protagonistas del momento histórico que se estaba viviendo, cuyo instrumento de trabajo era la palabra, aunque esta fuera empleada de distinta manera: el Político se presenta como alguien mucho más directo, pragmático, sin complicaciones; el Escritor es contradictorio, ideal, complejo. No obstante, resulta llamativo apreciar, y esto se repite en toda la pentalogía, cómo se establece una jerarquía al desarrollar los argumentos: el Político adoptará una táctica socrática con la que emplaza, mediante un sutil interrogatorio, a su compañero a que desarrolle sus puntos de vista. En cierta manera, Unamuno deja que el Escritor sea quien explique, quien persuada al lector de sus tomas de postura, aunque tampoco vacila en servirse del Político para explicitar la contradicción inherente al Escritor y el choque entre el mundo real y el mundo ideal.

[9] Los Diálogos del escritor y el político figuran en el catálogo de doscientos setenta y cuatro textos dialogados hecho por Fraga, basado en los índices de las revistas de finales del siglo XIX y principios del XX de Pilar Celma Valero —Literatura y periodismo en las revistas del Fin de Siglo. Estudio e índices (1888-1907), publicado en 1991— y Cecilio Alonso —Índices de “Los lunes de El imparcial” (1874-1933), publicado en 2006—. No obstante, en dicho catálogo no se indica si los textos dialogados son o no “diálogos literarios”.

[10] Vergara S.A. pudo publicar la edición de Obras Completas de Unamuno preparada por Manuel García Blanco gracias a una concesión especial por parte de Afrodisio Aguado S.A., editorial que en 1950 comenzó a imprimir unas Obras completas en las que no se incluyeron estos diálogos. De hecho, en el índice de la edición de Vergara S.A. Manuel García Blanco da noticia de que una serie de textos, entre los que se cuentan los Diálogos del escritor y el político, sí que se podían encontrar en la edición de Editorial Sudamericana.

Bibliografía

Véase bibliografía en Unamuno, Miguel de. Diálogos del escritor y el político [Serie periodística]

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