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Código de identificación BDDH238
Nombre del responsable

Javier Espejo Surós

Fecha de última grabación

19/12/2014

Autor

Juan de la Cruz

Título

Diálogo sobre la necesidad y obligación y provecho de la oración y divinos loores vocales y de las obras virtuosas y santas ceremonias que usan los cristianos, mayormente los religiosos

Variantes del nombre del autor

Cruz, Juan de la

Joannes a Cruce [1]

Variantes del título

Dialogo sobre la necessidad y obligacion y provecho de la oracion y diuinos loores vocales y de las obras virtuosas y santas cerimonias que vsan los christianos, mayormente los religiosos

Dialogo de las sanctas cerimonias y diuinos loores vocales en la oración

Diálogo sobre la necesidad de la oración vocal

Dialogo sobre la necesidad y obligación y provecho de la oración

Diálogo sobre la necesidad de la oración vocal, obras virtuosas y santas ceremonias de Fray Juan de la Cruz [2]

Fecha de nacimiento autor

c. 1490; c. 1505 [3]

Fecha de muerte autor

c. 1568 [4]

Lugar de nacimiento autor

Desconocido

Lugar de muerte autor

Desconocido

Actividad profesional autor

Predicador, dominico [5], cronista [6], traductor [7]

Fecha/Siglo

1555

Tipo de producción

Original

Difusión

Dependiente

De

Diálogo sobre la necesidad y obligación y provecho de la oración Véase Juan de la Cruz. Diálogo sobre la necesidad y obligación y provecho de la oración

Materias

Controversia religiosa. [8]

Espiritualidad. [9]

Teología.

Temas secundarios

Alimentación. [10]

Ascética. [11]

Cristianismo. [12]

Crítica de costumbres. [13]

Educación. [14]

Estados civiles. [15]

Filosofía. [16]

Mística. [17]

Música. [18]

Órdenes religiosas.

Religión. [19]

Superstición. [20]

Textos sagrados. [21]

Varia lección. [22]

Número de interlocutores

3

Interlocutores

Nombre: Antonio
Categoría: Religioso


Nombre: Tomás
Categoría: Religioso


Nombre: Bernardo
Categoría: Religioso

Enunciación

Enunciación indirecta

Lenguas del texto

Castellano. [23]

Tipo de testimonios

Impresos

Impresos

Código: 1
Año: 1555 Véase testimonio en Juan de la Cruz. Diálogo sobre la necesidad y obligación y provecho de la oración, p. 1-486

Ediciones modernas

Código: 1
Autor: Juan de la Cruz
Título: Diálogos sobre la necesidad y provecho de la oración vocal, en Tratados espirituales: La victoria de sí mismo, Tratado del amor de Dios, Diálogos sobre la necesidad y provecho de la oración vocal. Melchor Cano, Domingo de Soto, Juan de la Cruz.
Responsable: Beltrán de Heredia, Vicente
Publicación: Madrid, BAC, 1962, págs. 217-512


Código: 2
Autor: Juan de la Cruz
Título: Actualización, estudio y edición del Diálogo sobre la necesidad de la oración vocal, obras virtuosas y santas ceremonias de fray Juan de la Cruz (Tesis Doctoral)
Responsable: Mira Gómez de Mercado, Mª Dolores
Publicación: Almería, Universidad de Almería, 2012, CD-ROM

Notas

[1] En Quétif y Echard, 1719-1721, II, págs. 174-175. Debe notarse en primer lugar que la homonimia con San Juan de la Cruz (Juan de Yepes Álvarez), ha engendrado no poca confusión. Otras variantes, aunque frecuentes, son anecdóticas. Así, puede verse que los historiadores franceses de la espiritualidad dominicana han prestado cierta atención al personaje, traduciendo su nombre, "Jean de la Croix", por ejemplo, en Tugwell, 1993.

[2] El título original que le diera el autor suele referirse por parte de los editores modernos de forma imprecisa, los cuales han rebautizado la obra, sin esgrimir razones para ello, cf. Dialogo de las sanctas cerimonias y diuinos loores vocales en la oración, en la licencia del ordinario de Don Pedro de Castro, obispo de Salamanca; Diálogo sobre la necesidad de la oración vocal, en Beltrán de Heredia, 1962; Dialogo sobre la necesidad y obligación y provecho de la oración, en Ruiz Fidalgo, Salamanca, 431; Diálogo sobre la necesidad de la oración vocal, obras virtuosas y santas ceremonias de Fray Juan de la Cruz (1555), en Gómez de Mercado, 2012. Se trata de una constante de la historia del texto, pues el título que, cuando menos aparentemente, le diera Fray Juan, aparece ya sensiblemente modificado en la misma licencia que le acompaña, rubricada por el obispo de Salamanca, esto es, en la edición que parece ser la príncipe y única.

[3] Las fechas de nacimiento no son seguras. La primera es propuesta de Hernández, 1990, pág. 70; la segunda, sugerencia de DHGE, XXVI, col. 1446. En ambos casos se trata de deducciones a partir de los datos biográficos que han podido rastrearse, pero sin documentos probatorios.

[4] Se trata de una suposición de Quétif y Echard, 1719-1721, II, pág. 174.

[5] De la Provincia de Portugal. En la Orden de Predicadores, al decir de sus cronistas, adquirió cierto renombre por la calidad de sus sermones, algunos de los cuales se han conservado junto a otros que tradujo, cf. sus Treynta y dos sermones en los quales se declaran los mandamientos de la ley, articulos de fe, y sacramentos con otras cosas provechosas, Lisboa, en casa de João Blávio, 1558. Se trata de una traducción de Institutionis christianae praecipuaeque doctrinae summa (Maternum Cholinum & Iacobum Soterem, 1555) de Jacob Schoepper, cura de Dortmund. Los tres últimos sermones son cosecha propia de Juan de la Cruz. Fue reeditado en Alcalá, 1568; y en Madrid, en la oficina de don Benito Cano, 1792, ahora con el título de Declaracion de los mandamientos de la ley, articulos de la fe, sacramentos, y ceremonias de la Iglesia; en treinta y dos sermones; sacados de latín en romance por el R.P.FR. Juan de la Cruz del Orden de Santo Domingo.

[6] Como cronista, cabe citar la Coronica de la Orden de Predicadores, de su principio y sucesso hasta nuestra edad y de la vida del bien auenturado sancto Domingo su fundador y de los sanctos y varones memorables q en ella florecieron... copilada de historias antiguas por... fray Iuan dela Cruz... dela mesma Orden... Lisboa, Manuel Iuan, 1567.

[7] Sobre su intenso trabajo de traductor dan cuenta obras como la Historia de la Iglesia que llaman ecclesiastica y tripartita [por Eusebio obispo de Cesarea] ; abreuiada y trasladada de latin en castellano por vn deuoto religioso de la orden de sancto Domingo [Fr. Juan de la Cruz]. Lixboa [sic], Luys Rodriguez, 1541; (Coimbra, Juan Álvarez, 1554); Suma de los misterios de la fe cristiana. Compuesta en latín por el muy religioso Padre Fray Francisco Titelmano de la Orden de los Menores, y trasladada en romance por Juan de la Cruz. Añadióse un sermón de San Cipriano, mártir de la necesidad que los hombres tienen de morir para esfuerzo de los que temen la muerte y consuelo de lo que lloran sus queridos difuntos, y una carta de Eucherío, obispo, del menosprecio del mundo. Salamanca, Andrea de Portonaris, 1555.

[8] La primera clave de lectura del diálogo la constituye la escisión que vivía la orden dominicana entre partidarios de una espiritualidad afectiva en el contexto de acogida de la mística del recogimiento, tendencia representada por Fray Luis de Granada o Bartolomé de Carranza y la observancia a los principios fundamentales de la orden dominicana, encarnada en las figuras de Melchor Cano o del propio Fray Juan. Esta clave de lectura, no obstante, aparece velada, nunca explicitada con la vehemencia que se formulan las críticas a Erasmo y sus seguidores, a los alumbrados, a los ardores místicos franciscanos o a los luteranos. Frente a la susceptibilidad mostrada ante toda forma de lo que a sus ojos constituía un modo desviado de piedad, cobra relevancia -no exenta de cierta paradoja- la filiación savonaroliana de Fray Juan. Savonarola, en efecto, es citado expresamente como modelo de ejemplaridad y esfuerzo en la consecución del ideal de vida religiosa. De este modo, la obra ofrece una radiografía de las inquietudes espirituales del siglo llevaba a cabo desde el prisma de la más férrea ortodoxia dominicana.

[9] Al hilo de lo expuesto en la nota precedente, el diálogo, redactado en el clima que rodea a la preparación de los índices de Valdés, articula una toma de postura sobre las polémicas que, tras agudizarse la inquietud de la Inquisición por las formas de espiritualidad afectiva, comenzados ya los trabajos tridentinos, trazarán la línea de la ortodoxia romana. Así, entre los aspectos más abundantemente tratados por Fray Juan, destaca por encima de todos ellos la cerrada defensa de la oración vocal y las formas tradicionales de culto exterior (oraciones, cantos, loores, himnos y demás cánticos devotos) frente a la oración mental y la adoración interior. Fray Juan resalta la importancia de las obras -de caridad con el prójimo, penitencias, ayunos, disciplinas y peregrinaciones- para el contacto con la divinidad. Varias son las cuestiones que también le merecen al fraile un tratamiento muy detenido, caso de las formas aptas y disposiciones anímicas y físicas necesarias para la meditación y la contemplación. En este sentido, afirma la superioridad de la vida contemplativa, pero no la reconoce como apta para todos. Cuestiona la pertinencia de determinados ejercicios corporales y espirituales que constituían una praxis reglada, subrayando su difícil práctica por parte de los no iniciados. El interés del tratado se extiende a las consideraciones que acumula en torno a los sacramentos, el beneficio de Cristo, la gracia, el purgatorio o, de un modo muy particular, a la veneración de los santos, el valor y culto de las reliquias o de las imágenes. En el contexto de una cerrada defensa del culto de las reliquias, Fray Juan reitera el valor de mediación de la imagen de Cristo, de la Virgen, de los santos; apela a la diferenciación que establece el creyente entre la materia de la que es hecha la imagen y a quien representa. Reitera, en suma, el valor de mediación de la imagen de Cristo o de la Virgen. Se trata de uno de los aspectos más singulares del tratado, más por el momento histórico en que se aborda que por los argumentos esgrimidos, que no son más que un compendio de lugares comunes, del tipo de la autorización a través de los siglos; la aludida consciencia de que no se venera la materia; su fuerza evocadora, su forma visible y figurable apta especialmente para los fieles que no saben leer o, en última instancia, su capacidad para invitar a la imitación, etc.

[10] Fray Juan desarrolla profusamente aspectos relativos a hábitos y prescripciones alimenticias, como la recomendación de templanza en el comer, el pecado de la gula, los beneficios del ayuno o la abstinencia de la carne frente a la recomendación del pescado.

[11] El opúsculo aspira a ofrecer un compendio de normas, actualizadas en el tiempo, para la práctica y ejercicio de la perfección espiritual, en el referido contexto tridentino y de controversias, tanto para religiosos como para seglares.

[12] La vocación docente de Fray Juan, maestro de novicios buena parte de su vida, así como la amplitud de cuestiones abordadas, convierte al Diálogo en una suerte de catecismo, en el que se repasan, recorriendo la tradición, erigida siempre en principio y norma, el conjunto de dogmas y aspectos de escatología cristiana más característicos y, no obstante, pendientes entonces de nueva formulación conciliar.

[13] Defensa de la institución monástica y de sus costumbres; así como en general de los religiosos; costumbres de primitivos cristianos, gentiles, judíos, monjes antiguos y coetáneos, etc. Censuras de la mundanidad y vicios humanos, de algunos religiosos descuidados en el ejercicio de su responsabilidad, avisos morales a religiosos y hombres o mujeres comunes de todos los estados (así el vestuario); consideraciones acerca de los hábitos litúrgicos y monacales y religiosos en general.

[14] Fray Juan reitera consejos de aprendizaje y formación cristiana para personas de todos los estados; las virtudes exigibles al maestro cristiano, la necesidad de adecuación de los escritores a la distinta capacidad de sus destinatarios para acceder y asimilar textos sagrados; las buenas lecturas para el cristiano, etc.

[15] Sobre virtudes, vicios y consejos en todos los estados civiles del ser humano, y contraste entre el estado religioso y el seglar.

[16] Filosofía cristiana, examen del papel de los sentidos en la mejora espiritual del ser humano, pero también considera aportaciones de otras filosofías -pitagóricos, estoicos-, costumbres universales con fuerza jurídica, etc.

[17] Discusión sobre los perfectos e imperfectos.

[18] La atención que Fray Juan presta a la música va pareja, lógicamente, a las inquietudes reiteradas por la oración vocal y la liturgia cantada. En un contexto en el que en la Compañía de Jesús, Ignacio de Loyola había suprimido el coro de su nueva orden, el dominico incide en la utilidad del canto, los himnos y sus melodías, su tradición desde la Virgen, los profetas, apóstoles, santos, coro de los religiosos, cuerpos glorificados, etc.; la melodía como afición del alma, música cantada y oración vocal, consejos para el canto correcto, etc. Tal y como ha mostrado Alfonso de Vicente (2008), el tratado incide en que el canto de alabanza a Dios debe ser un canto vocal, exterior, hecho con los labios, la garganta, los pulmones, el cuerpo todo, y no la mera contemplación interior en el corazón; es toda una alabanza del cuerpo frente al refinado y remilgado espiritualismo intelectualista. Con todo, fray Juan no deja de advertir contra los peligros sensuales del canto afectado para agradar los oídos.

[19] El dominico apela a la ley de amor y a la tradición de la Iglesia y de la Orden dominica como prueba y fundamento de la religión cristiana.

[20] Apelando a los Apóstoles y a la tradición de la Iglesia y de sus escritos, Fray Juan defiende el culto a los santos o las imágenes, prácticas que en modo alguno pueden considerarse como supersticiones. Califica, a su vez, de superstición la invención y celebración de ceremonias en un ámbito privado.

[21] El discurso está plagado de referencias bíblicas o de la Patrística (San Agustín, Casiodoro, San Gregorio, San Bernardo, San Buenaventura, etc.), invocadas en el propio cuerpo del texto o bien anotadas al margen. No puede, sin embargo, desdeñarse el conocimiento que muestra el autor de la tradición clásica.

[22] Noticias de tradiciones filosóficas y religiosas, y de costumbres, desde la antigüedad gentil, figuras bíblicas, cristianos primitivos o medievales, doctores de la iglesia, judíos o herejes.

[23] Fray Juan recurre a una forma de enunciación indirecta peculiar, puesta en boca del interlocutor Antonio, el cual, tras iniciar la obra con un monólogo, asume de continuo la administración de los verbos de habla del resto de personajes. El diálogo, que pierde así viveza, se entabla entre tres religiosos dominicos (I, pág. 28), Antonio, Bernardo y Tomás, personaje, éste último, que funciona a modo de árbitro entre sus compañeros, sentenciando, por lo general, en favor de Antonio, alter ego del autor.

Bibliografía

Véase bibliografía en Juan de la Cruz. Diálogo sobre la necesidad y obligación y provecho de la oración

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